• Step by step

    Lejos de los cortijos, tremendamente a ras del suelo y con la brisa húmeda catando mis huesos, continúo el camino de ida o vuelta a la tarea que toque en el momento. Voy a pie, no paseo. Ando ligero el tosco pavimento que devora mis zapatillas y garbeo con buen ritmo por mis azoteas internas. El desplazamiento transcurre con cierta actitud ajena por mi parte. Como si mirase por la ventanilla de un autocar de línea al despertar de una tenue cabezada, me sorprendo al llegar a una cierta altura del camino que me hace ser consciente de la gran distancia recorrida. “¿El Philharmonic ya?” “¿Lodge Lane?” Vuelvo pronto la mirada al vaivén de la punta de mis pies, la aparentemente sencilla ingeniería de mi viaje.

    Sin conocer el recorrido o la mecánica que siguen mis pensamientos –difícil empresa ésta de intentar racionalizar el porqué de estos aparecidos-, llego a ti, Maite. A ti y a tu viento, el mismo que azota mi paso. El que te hace sentir dorada y hermosa hoja de plátano que, liviana por la ausencia de lluvias, se deja hacer…

    Nunca lo he negado. Como a ti, ninguna desgracia me ha llevado a ningún exilio. Sólo una opción más que se extiende en el tiempo hasta hoy y quién sabe hasta cuándo. Nada más. Aunque me joda reconocerlo, es lo que tenemos los pequeños burgueses: opciones. Nada de desplazamientos penosos o situaciones extremas. Una opción guiada a generar más opciones y sucesivamente. Lo peor que puede pasarme es que vuelva a la casilla de salida con un plato de exquisito cocido madrileño de mamá y un desengañito que sanará con… otras opciones.

    Me lanzo por voluntad propia a indagar quimeras, a examinar certezas arcanas. Intento encontrar la matriz de las decisiones tomadas entre toda la marejada de estímulos, creencias y necesidades que las bandean. Mirando atrás, malamente consigo crear una imagen sincera que me presente las motivaciones o desmotivaciones que me han guiado: alcanzo alguna peculiar silueta que, pese a contar con todos los elementos necesarios y la forma óptima de lo buscado, no consigo reconocer como un todo compacto y cristalino. No con estos ojos. Se me antoja una pseudo-idea que esconde –o carece de- ese algo que le arranca –u otorga- la certidumbre de la idea definida y completa que mi experiencia considera una idea. El resultado es parecido si decido ahondar en los cimientos de los impulsos que me llegan actualmente. Algo alcanzo, claro, pero esos logros no simplifican nada.

    La dificultad de mis pesquisas me aturde y desplaza mi atención a la realidad física circundante –yo, estúpido rey Sol-, tan amplia como nuestras interioridades, aunque mucho más plástica, definida y entretenida. Mis pasos continúan su devenir bajo mi inquieta mirada, la misma que pronto jugueteará con algún otro elemento visible. Observo alguna de las figuras a mi alrededor y retorno a mis pensamientos movido por cualquier imagen atractiva. El modo en que los viandantes organizan y entrecruzan sus recorridos, el singular tinte aplicado sobre el pelo de la muchacha a la que adelanto o el borrachín apostado en la entrada del pub que no atina a encender un pitillo bastan para mover mi atención a lo denso de las indagaciones íntimas.

    De alguna manera no rastreable, vuelvo a advertirme inquiriendo sobre mis motivaciones –actuales y no tanto-, mantras -más o menos apolilados- y necesidades. Mutables necesidades. Algunas son ya reconocidas. Otras, sólo reconocibles, arrastran la cuarentena mientras son estudiadas. El firme vínculo existente entre las cualidades de “necesario” y “débil” invita a la auto-cautela. La nueva flaqueza, en caso de ser reconocida, clamará que adopte una actitud ante ella y cada nueva pieza en el puzzle deforma una imagen poco clara de por sí. De nuevo atascado en la duda, única y permanente.

    Mis pies han llegado a su destino. Mis cavilaciones nada han resuelto y, desde luego, no es posible establecer una lista de conclusiones. No dejo de advertir que, pese a todo, hoy también tomaré decisiones y los acontecimientos acudirán. Sé que seguiré en movimiento aunque no alcance a explicar el origen de estos pasos, si los guío, son guiados, o en realidad lo mismo da.