• El exilio en casa

    En primer lugar, pido disculpas por el retraso, por esta especie de miedo escénico que me ha impedido dar el paso y escribir desde hace semanas. No es el hecho de  escribir en sí, como podríais pensar, sino más bien el hablar de mí,  el hecho de expresar cosas con un peso o una profundidar que normalmente escapan a mi alcance. No sé si soy uno de esos tíos de los que ahora se habla tanto, de los que el peso de su masculinidad en su educación hizo que obviaran sus sentimientos, como si carecieran de ellos, pero en cualquier caso he de reconocer que prefiero navegar sobre ellos, dejando una estela efímera, antes que sumergirme y bucear en ellos. Sin embargo, lo indescriptible de nuestra situación me incita a ponerme a teclear un rato, aunque solamente sea para ver qué sale. Finalmente la pregunta que siempre acabáis por hacerme, cúal es la perspectiva de lo que pasa desde aquí, tiene respuesta.

     

    Quizá os parezca extraño que defina nuestra situación como indescriptible, pero yo no encuentro otra. Tanta contradicción, tanto sentimiento de extrañeza, tanta fatiga sin hacer nada… Esta situación, para mí, es indescriptible, porque yo no la entiendo o no la sé definir con palabras. Yo nunca me marché, y sin embargo estoy desarraigado. Yo no me he movido de aquí y me siento extranjero. Todo está en mi idioma y no entiendo nada. Nada ha cambiado y todo es distinto.

     

    Para los que os marcháis, no puedo decir que sea más fácil, pero sí que creo que todo es menos raro. A no ser que volváis. Pero mientras volver no existe, todo es como lo conocéis o recordáis. No presenciáis cómo los huecos de las ausencias se rellenan, el proceso de reconstrucción. Todos somos columnas, edificios que forman el paisaje urbano de los que nos rodean, pero nunca nos paramos a pensar en qué pesos sujetamos, cuáles son nuestras funciones en otras vidas. Imaginad que la mitad de las casas del barrio en que crecisteis desaparecieran y tuvierais que presenciar la construcción de los nuevos edificios que pasarán a sustituirlas. De golpe, el marco de toda vuestra infancia ha desaparecido, vuestros pasos en el camino de vuelta a casa cada noche os llevan a un sitio desconocido, un sitio en el espacio en el que habéis estado pero que no reconocéis como propio. Tu yo del pasado ha estado aquí, en este metro cuadrado. Pero no era así.

     

    Mientras tanto, esas nuevas ciudades a las que llegáis, no tienen ninguna forma en vuestras cabezas. Las estructuras que os ofrezcan, las madejas que forme el enjambre de calles, no serán una sorpresa. Los huecos, el espacio vacío, no serán nunca ausencias, sino la estructura conocida de su forma. Vuestro trabajo es aprender y descubrir. El nuestro olvidar.

     

    Espero que no me malentendáis con lo que digo, no pretendo culparos de nada ni haceros la distancia más pesada de lo que ya es. Sin embargo, los que nos quedamos no estábamos listos para esto. Al menos no para tanto espacio vacío, tanta reconstrucción sin apenas energías para poner ni fabricar ladrillos nuevos.

     

    Al marcharos nos habéis llevado lejos de aquí a nosotros también, pero a un sitio nuevo que no conocemos, a un lugar que nadie conoce. Ese es el dilema del que nadie habla. Nos pasamos todo el tiempo hablando de los que se han ido sin darnos cuenta de que en realidad, nos hemos ido todos.